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EL DESCUBRIMIENTO DE AMERICA I: EMPRESA DE INDIAS.

GABRIEL BARCELÓ RICO-AVELLO. Doctor Ingeniero Industrial.

 

     La gesta del descubrimiento de América, la Empresa de Indias como el propio Colón llamaba a su proyecto, es referencia necesaria en el estudio histórico del conocimiento del entorno  y de la concepción del universo, ya que una simple idea en la mente de Cristóbal Colón generó una profunda transformación de la sociedad de aquel momento, y permitió nuevas fronteras del conocimiento humano y científico.

     Al profundizar en esa hazaña y al analizar los escritos de la época, podemos advertir cuál era el exacto nivel del conocimiento científico y tecnológico de aquel momento, no sólo cualitativo, sino también cuantitativamente. Podemos percibir como se concebía el mundo en la Europa del Renacimiento, y en qué medida Colón modifico los esquemas establecidos hasta ese momento con sus descubrimientos.

     En este breve estudio podemos valorar los conocimientos de Cristóbal Colón, y las razones que le indujeron a presentar su propuesta, la Empresa de Indias, a los Reyes Católicos, la concepción del mundo y del universo en aquel momento, así como de los medios instrumentales y tecnológicos que se disponía para realizar tan azarosa aventura.

     Es indudable la existencia de contactos con el continente americano anteriores a Colón, tanto desde el continente asiático como desde Europa. No solo los vikingos pudieron haber desembarcado en Norteamérica, es posible también que previamente los cartagineses y los ibero púnicos hubiesen llegado a esas costas desde la península Ibérica (Han sido publicadas tesis con esa argumentación con pruebas experimentales), o incluso habían comerciado con sus habitantes. Pero, lo que es indudable es que, a partir de Colón se crea un lazo social de conexión institucionalizado y publico con ese continente, una relación que ha perdurado hasta ahora, sin interrupción alguna.

     Parece evidente que Cristóbal Colón había llegado al convencimiento de que, dada la esfericidad de la tierra, podía alcanzar la India, y traficar con sus especies navegando hacia occidente. 

Juan II

Juan II Rey de Portugal, quién rechazó el proyecto de Colón.

Por Antonio Menéndez.

Museo de Marina, Lisboa.

 

     Por las referencias históricas disponibles, en primer lugar fue a Portugal a proponer su proyecto, al entender que la Corona Portuguesa estaba convencida de la necesidad de reducir los costes de sus importaciones de especies de la India, que se recibían a través del comercio terrestre. El gramo de especie que llegaba a Lisboa o a Londres desde la India por vía terrestre, tenía que ir pagando peajes y arbitrios en cada frontera o en cada portazgo, de tal forma que el precio en destino quedaba multiplicado por más de ciento. Normalmente el pago se realizaba en especie, y un diezmo no era un tributo exagerado.

     Navegando por mar, se evitaban estos peajes, por lo que una travesía directa, suponía un importantísimo ahorro. Si realmente la Tierra era redonda, como él creía, podía alcanzarse la India desde la península Ibérica, sin necesidad de pagar portazgos. De esta forma Colón concibió su viaje a las Indias navegando hacia occidente por la mar oceana.

Cristobal Colon

 

Cristóbal Colón

 

     Su hijo Don Hernando Colón, afirmaba en sus textos que el rey portugués Juan II se mostró «tibio en aceptar su empresa, por los grandes trabajos y gastos que llevaba consigo el descubrimiento y conquista de la costa occidental de Africa, llamada Guinea, sin que todavía le hubiese sucedido felizmente cosa alguna». Claramente Portugal estaba comprometido con el proyecto de llegar a la India por el mar, pero rodeando África, y no deseaban iniciar un nuevo proyecto, posiblemente más incierto y costoso.

     Colon también planteo excesivas exigencias, que igualmente influyeron en la negativa portuguesa, don Hernando Colon las justifica «porque siendo el Almirante de generosos y altos pensamientos, quiso capitular con grande honor y ventaja para dejar su memoria y la grandeza de su casa conforme a la magnitud de sus obras y de sus méritos».

     Según don Hernando, Juan II, sin aceptar compromiso alguno, decidió enviar secretamente una carabela con el objetivo de descubrir lo que Colón ofrecía; pero bien porque los enviados carecían de saber, de constancia o de la personalidad de Colón, o bien desaparecieron, o bien regresaron del intento sin resultado alguno. Al parecer, este proceder indigno a Colón.

Don Hernando Colon

Don Hernando Colón

(Anónimo)

 Biblioteca Capitular y Colombina, Sevilla

 

     El caso es que Cristóbal Colón comprendió claramente la imposibilidad de obtener de Portugal sus pretensiones, y manteniéndose firme en su idea, acordó irse a Castilla. Simultáneamente  su hermano Bartolomé viajó para Inglaterra en busca de apoyos para Cristóbal, pero tampoco tuvo éxito o acogida por parte de Enrique VII, y posteriormente pasó a Francia, en donde allí se enteró del descubrimiento.

     Se evidencia que toda la familia Colon estaba convencida de este proyecto, que deseaban realizar con el apoyo y bajo la bandera de algún reino europeo atlántico. Los hermanos eran expertos en náutica, disponían de profundos conocimientos de navegación, e incluso, habían dedicado su tiempo a desarrollar portulanos y cartas náuticas, una información precisa y deseada por los reinos para comerciar en la paz o luchar en la guerra.

     No obstante, Colón fue escuchado en España, y a pesar de la oposición de los más reacios, consiguió convencer a los reyes en la viabilidad de su proyecto. El análisis del proceso de estas negociaciones, y los posibles argumentos esgrimidos, merecen un estudio aparte.

     El compromiso  que firmó Colón o “Capitulaciones de Santa Fe”, le permitía ejercer un poder efectivo sobre los territorios que descubriese. Este protocolo, firmado por la reina Isabel de Castilla y el rey Fernando de Aragón, decía así:

     “Las cosas suplicadas y que Vuestras Altezas dan y otorgan a D. Cristóbal Colón en alguna satisfacción de lo que ha de descubrir en las mares Oceánicas, del viaje que ahora, con la ayuda de Dios, ha de hacer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, son las que siguen: Primeramente, que Vuestras Altezas, como señores que son de las dichas mares Océanas, hacen desde ahora al dicho D. Cristóbal Colón su Almirante en todas aquellas islas y tierras firmes que por su mano o industria se descubrieren o ganaren en las dichas mares Océanas, para durante su vida, y, después dél muerto, a sus herederos o sucesores, de uno en otro perpetuamente, con todas aquellas preeminencias y prerrogativas pertenecientes al tal oficio, según que D. Alonso Enríquez, vuestro Almirante mayor de Castilla, y los otros predecesores en el dicho oficio, lo tenían en sus distritos. Place a Sus Altezas. Juan de Coloma[1].

     Otrosí, que Vuestras Altezas hacen al dicho D. Cristóbal Colón su visorrey [virrey] y gobernador general en las dichas islas y tierras firmes, que, como es dicho, él descubriere o ganare en las dichas mares, y que para el regimiento de cada una y cualquiera de ellas haga elección de tres personas para cada oficio, y que Vuestras Altezas tomen y escojan uno, el que más fuere su servicio, y así serán mejor regidas las tierras que nuestro Señor le dejare hallar y ganar a servicio de Vuestras Altezas. Place a Sus Altezas. Juan de Coloma.

     Item, que todas y cualesquiera mercaderías, siquier sean perlas preciosas, oro o plata, especiería y otras cualesquier cosas y mercaderías de cualquier especie, nombre y manera que sean que se compraren, trocaren, hallaren, ganaren y hubieren dentro de los límites del dicho almirantazgo, que desde ahora Vuestras Altezas hacen merced al dicho D. Cristóbal, y quieren que haya y lleve para sí la décima parte de todo ello, quitadas las costas que se hicieren en ello; por manera que de lo que quedare limpio y libre haya y tome la décima parte para sí mismo y haga de ello su voluntad, quedando las otras nueve partes para Vuestras Altezas. Place a Sus Altezas. Juan de Coloma.

     Otrosí, que si a causa de las mercaderías que él traerá de las dichas islas y tierras, que así, como dicho es, se ganaren y descubrieren, o de las que en trueque de aquellas se tomaren acá de otros mercaderes, naciere pleito alguno en el lugar donde el dicho comercio y trato se tendrá y hará, que si por la preeminencia de su oficio de Almirante le pertenece conocer de tal pleito, plega a Vuestras Altezas que él o su teniente, y no otro juez, conozca del pleito y así lo provean desde ahora. Place a Sus Altezas si pertenece a dicho oficio de Almirante, según lo tenían el dicho Almirante D. Alonso Enríquez, y los otros sus antecesores en sus distritos y siendo justo. Juan de Coloma.

     Item, que en todos los navíos que se armaren para el dicho trato y negociación, cada y cuando y cuantas veces se armaren, que pueda el dicho D. Cristóbal, si quisiere, contribuir y gastar la ochava [octava] parte de todo lo que se gastare en el armazón, y que también haya [tenga] y lleve provecho de la ochava parte de lo que resultare de la tal armada. Place a sus Altezas. Juan de Coloma.

     Son otorgados y despachados, con las respuestas de Vuestras Altezas en fin de cada un capítulo, en la villa de Santa Fe de la Vega de Granada, a 17 de abril del año del nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo de 1492 años. Yo el Rey. Yo la Reina. Por mandato del Rey y de la Reina, Juan de Coloma. Registrada, Calcena.”

 

     De esta forma, tras haber sabido convencer a los reyes españoles, Cristóbal Colon había conseguido su ayuda económica y su apoyo institucional, transformando en un protocolo contractual su idea  inicial, basada en una concreta concepción de la Tierra.

     Es evidente que aunque la esfericidad de la Tierra era ya supuesta desde muchos siglos antes, todavía no había podido ser probada, y se desconocía con exactitud su diámetro. Por tanto, el proyecto de navegar hacia occidente era teóricamente posible, pero incierto. El hecho es que no se disponía de ningún antecedente conocido, al menos oficialmente, y nadie sabía lo que podría encontrase navegando en aquella dirección.

     El propósito del viaje de Colón está claramente definido en sus escritos. En la  relación compendiada por Fray Bartolomé de las Casas: Los cuatro viajes del almirante y su testamento, figura  El primer viaje a las Indias, en el que se transcribe una carta enviada por Colon y dirigida a los Reyes Católicos, antes de emprender la singladura:

     Porque, cristianísimos y muy altos y muy excelentes y muy poderosos príncipes, Rey y Reina de las Españas y de las islas de la mar, Nuestros Señores, este presente año de 1492, después de Vuestras Altezas haber dado fin a la guerra de los moros que reinaban en Europa y haber acabado la guerra en la muy grande ciudad de Granada, adonde este presente año a 2 días del mes de enero por fuerza de armas vide poner las banderas reales de Vuestras Altezas en las torres de Alfambra, que es la fortaleza de la dicha ciudad, y vide salir al rey moro a las puertas de la ciudad y besar las reales manos de Vuestras Altezas y del Príncipe Mi señor, y luego en aquel presente mes, por la información que yo había dado a Vuestras Altezas de las tierras de India y de un príncipe que es llamado Gran Can, que quiere decir en nuestro romance Rey de los Reyes, como muchas veces él y sus antecesores habían enviado a Roma a pedir doctores en nuestra santa fe porque le enseñasen en ella y que nunca el Santo Padre le había proveído y se perdían tantos pueblos creyendo en idolatrías o recibiendo en sí sectas de perdición.

     Vuestras Altezas, como católicos cristianos y Príncipes amadores de la santa fe cristiana y acrecentadores de ella y enemigos de la secta de Mahoma y de todas idolatrías y herejías, pensaron de enviarme a mí, Cristóbal Colón, a las dichas partidas de India para ver los dichos príncipes, y los pueblos y tierras y la disposición de ellas y de todo y la manera que se pudiera tener para la conversión de ellas a nuestra santa fe; y ordenaron que yo no fuese por tierra al Oriente, por donde se costumbra de andar, salvo por el camino de Occidente, por donde hasta hoy no sabemos por cierta fe que haya pasado nadie. Así que, después de haber echado fuera todos los judíos de todos vuestros reinos y señoríos, en el mismo mes de enero mandaron Vuestras Altezas a mí que con armada suficiente me fuese a las dichas partidas de India; y para ello me hicieron grandes mercedes y me anoblecieron que dende en adelante yo me llamase Don y fuese Almirante Mayor de la mar océana e Visorrey y Gobernador perpetuo de todas las islas y tierra firme que yo descubriese y ganase y de aquí adelante se descubriesen y ganasen en la mar océana, y así sucediese mi hijo mayor y así de grado en grado para siempre jamás. Y partí yo de la ciudad de Granada a 12 días del mes de mayo del mesmo año de 1492, en sábado. Vine a la villa de Palos, que es puerto de mar, adonde armé yo tres navíos muy aptos para semejante fecho, y partí del dicho puerto muy abastecido de muy muchos mantenimientos y de mucha gente de la mar, a 3 días del mes de agosto del dicho año en un viernes, antes de la salida del sol con media hora, y llevé el camino de las islas de Canaria de Vuestras Altezas, que son en la dicha mar océana, para de allí tomar mi derrota y navegar tanto que yo llegase a las Indias, y dar la embajada de Vuestras Altezas a aquellos príncipes y cumplir lo que así me habían mandado; y para esto pensé de escribir todo este viaje muy puntualmente de día en día todo lo que hiciese y viese y pasase, como adelante se verá. También, Señores Príncipes, allende describir cada noche lo que el día pasare, y el día lo que la noche navegare, tengo propósito de hacer carta nueva de navegar, en la cual situaré toda la mar y tierras del mar Océano en sus propios lugares debajo su viento, y más, componer un libro y poner todo por el semejante por pintura, por latitud del equinocial y longitud del Occidente; y sobre todo cumple mucho que yo olvide el sueño y tiente mucho el navegar, porque así cumple, las cuales serán gran trabajo. (Manuel Fernández Álvarez “La gran aventura de Cristóbal Colón”. Pág. 16, Colección Austral, Ed. Espasa-Calpe).

Firma Hernando Colon 

Firma de don Hernando  Colón

 

     Su hijo y biógrafo Hernando Colón fue afamado cosmógrafo e historiador. Propuso la solución al problema de la longitud, sugiriendo que se resolvería llevando a bordo un reloj con la hora del punto de partida. Esta cuestión no fue resuelta hasta disponer de un reloj fiable, incluso ante los vaivenes de la navegación, ya que los relojes de péndulo no podían ser utilizados para estos fines.

     Inició su Descripción y Cosmografía de España, obra también denominada Itinerario, con el que pretendió "hazer la cosmografía de España y en ella escribir todas las particularidades y cosas memorables" (según Juan Pérez, su criado). No obstante, esta obra iniciada en 1517, fue repentinamente interrumpida en 1523, por provisión real del Consejo de Castilla.

Portada Libro

Portada del libro: Hernando Colon Historiador de América.

Discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia del Excmo. Sr. D. Antonio Rumeu de Armas, leído el 22 de Noviembre de 1970.

 

     Se atribuye a Hernando Colón una obra sobre la vida y viajes de su padre, que hoy se conoce como la Historia del Almirante. Existen dudas entre los historiadores sobre la autenticidad y fiabilidad de la obra. El historiador Antonio Romeu de Armas, dedicó su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia a este autor. Posteriormente publicó el libro: Hernando Colón, Historiador del Descubrimiento de América, (Instituto de Cultura Hispánica, Madrid 1973, 454 páginas) en el que afirmaba que la narración de los Viajes en la Historia es veraz y precisa, pero que la parte biográfica podría no ser real.

     En cualquier caso, el trabajo de Hernando Colón es un manuscrito de referencia en estos estudios. En el texto expone los cinco motivos que le indujeron al descubrimiento de América:

                        "En cuanto al primero, que es razón natural, dijo que él consideró que toda la agua y la tierra del universo constituían y formaban una esfera, que podía rodearse de Oriente a Occidente, caminando los hombres por ella hasta llegar a estar pies con pies, unos con los otros en cualquier parte donde se hallasen opuestos; lo segundo, presupuso y reconoció por autores aprobados que ya se había navegado gran parte de esta esfera, y que para descubrirla y manifestarla toda, no quedaba más que aquel espacio que había al fin oriental de la India, el cual conocieron Ptolomeo y Marino siguiendo la vía de Oriente, y volverían por nuestro Occidente a las islas de los Azores y de Cabo Verde, que eran entonces la tierra más occidental descubierta. Lo tercero, consideraba que este espacio referido está entre el fin oriental, conocido de Marino, y las dichas islas de Cabo Verde, no podía ser más de la tercera parte del círculo mayor de la esfera, pues ya el dicho Marino había descrito hacia Oriente quince horas o partes, de veinticuatro que hay en la redondez del universo, y para llegar a las islas referidas de Cabo Verde faltaban cerca de ocho, porque ni aun el dicho Marino empezó su descripción tan al Poniente. Lo cuarto, hizo cuenta de que habiendo Marino escrito en su "Cosmografía", quince horas o partes de la esfera hacia Oriente, aun no había llegado al fin de la tierra oriental, y la razón precisaba a creer que este fin estuviese más adelante, y consiguientemente cuanto más se extendiese hacia Oriente, tanto más vendría a estar más cerca por nuestro Occidente a las islas de Cabo Verde; de suerte que si fuese mar este espacio, pudiera navegarse fácilmente en pocos días; y si fuese tierra, se descubriría más presto por el mismo Occidente, porque vendría a estar cercana a las mismas islas. A esta razón se junta lo que dice Estrabón en el libro quinto de su "Cosmografía", que ninguno ha llegado con ejército al fin oriental de la India, el cual afirma Ctesias ser tan grande como toda la otra parte de Asia, y Onesicrito afirma ser la tercera parte de la esfera; Nearco, haber cuatro meses de camino, por llano, sin lo que Plinio cuenta ser la India la tercera parte de la tierra; de modo que argüía ser ocasión tal grandeza de que estuviésemos más vecinos a nuestra España por Occidente. La quinta consideración que hacía creer más que aquel espacio fuese pequeño, era la opinión de Alfragano, y los que le siguen, que pone la redondez de la tierra mucho menor que los demás autores y cosmógrafos, no atribuyendo a cada grado de ella más que cincuenta y seis millas y dos tercios, de cuya opinión infería que, siendo pequeña toda la esfera, de fuerza había de ser pequeño el espacio que Marino dejaba por ignoto, y en poco tiempo navegado; de que infería asimismo que, pues aun todavía no estaba descubierto el fin oriental de la India, sería aquel fin el que está cerca de nosotros por Occidente; y por esta razón podrían llamarse justamente Indias las tierras que se descubriesen, en lo cual se ve cuán desvariadamente Maese Rodrigo, arcediano que fue de la Reina, en Sevilla, y algunos secuaces suyos, reprendían al Almirante, diciendo que no debían llamarlas Indias porque no son Indias; la verdad es que el Almirante no las llamó Indias porque fuesen vistas y descu­biertas por otros, sino porque eran la parte de la India allende el Ganges, a la cual ningún otro cosmógrafo señaló los términos a sus confines con otra tierra o provincia, sino con el océano, y por ser estas tierras la parte oriental de la India no conocida, y porque no tenía nombre particular, las dio el nombre del país más cercano, llamándolas Indias occidentales porque sabía ser a todos notorio cuán rica y famosa fuese la India, por lo cual quiso convidar con este nombre a los reyes Católicos, que estaban dudosos de su empresa, diciendo que iba a descubrir las Indias por la vía de Occidente: y esto fue lo que movió a desear el partido del rey de Castilla, más que otro príncipe".

 

     Don Hernando Colón, al exponernos las causas que movieron a su padre al descubrimiento del Nuevo Mundo, parte del supuesto de que toda la agua y la tierra del universo constituían y formaban una esfera, que podía rodearse de Oriente a Occidente, a continuación da como justificación razones naturales, la opinión de una serie de autores y los indicios de los navegantes.

     Es de destacar las continuas referencias que hace de Marino. Debe entenderse que se está refir iendo a Marino de Tiro, supuestamente geógrafo y cartógrafo, nacido en Tiro (entonces fenicia, actual Líbano). Poco se sabe de su vida, es Claudio Ptolomeo quien utiliza extensamente sus escritos como referencias, en la redacción de su Geographia. Por tanto, lo que sabemos de Marino de Tiro es únicamente lo expresado por Tolomeo, quien le atribuye el se el primer geógrafo en utilizar el meridiano de las  Canarias como meridiano cero, y que así fue aceptado por la cartografía mundial hasta que los ingleses establecieron el meridiano de Greenwich.

     También le atribuye el uso del paralelo de Rodas como origen para medir la latitud. Marino estimaba la medida del paralelo de Rodas en 180.000 estadios (unos 32.400 km), valor muy cercano al real de aproximadamente 32.000 km. Esta medición que reitera Ptolomeo puede incluir dos importantes errores, por un lado, el verdadero valor del estadio, ya que fue variable a través del tiempo y el lugar de aplicación. Por otro lado, el asimilar la medida del paralelo del Rodas con el ecuador terrestre (El paralelo de Rodas equivale a 4/5 de la circunferencia del Ecuador terrestre, de 40.000 km). Por tanto,  la exactitud de la travesía a realizar dependía  del valor específico que se asignase al estadio griego y de la medición asignada al paralelo por el que se realizaría la navegación proyectada. Ptolomeo propone también que  Marino sugiere la creencia de la separación del Océano en dos partes diferenciadas a este y oeste de la masa continental formada por Europa y Asia.

Cristobal Colon

Cristóbal Colón enfrascado en sus cálculos, por Emilio Lasalle (1839).

 Biblioteca Capitular y Colombina, Sevilla

 

 

     Se advierte la fragilidad de esta información utilizada por Colon, que tiene una antigüedad de más de milquinietos años, sin haber sido contratada. Pero es que además, pudiera proponerse que el tal autor, no hubiese existido. No existe constancia de la vidade Marino de Tiro, por lo que esta denominación pudiera referirse a un manual de geografía y texto de navegación de los marinos de Tiro, como resumen de su tradición fenicia en la navegación de altura, que los griegos reciben y que Ptolomeo se limita a transmitir. Esta es una opinión polémica, sin más fundamento que lo expresado anteriormente.

     Vemos que el razonamiento lógico de Colón se funda en una serie de argumentos científicos referenciados de otros autores, y que según Francisco Morales Padrón en su obra Diario de Colón (Ediciones Guadalquivir 1995) puede resumirse de la siguiente forma:

 

1) Que la Tierra es redonda y, por lo mismo, hacia el llamado Oriente lo mismo se puede ir por el Este que por el Oeste.

2) Que sólo faltaba por descubrir, precisamente, el tramo de Océano extendido entre África y Asia por el Oeste.

3) Que ese espacio de mar era corto, no mayor de la tercera parte del ecuador.

4) Que Asia se alargaba por el Este más de lo que se creía y, por lo mismo, era próxima su situación con respecto a Europa por el Oeste.

5) Que la medida de un grado terrestre, dada por el geógrafo árabe Alfragano, era menor de lo que se estimaba. Colón confundió la medida de una milla árabe con la medida de una milla italiana, que era menor, en una de sus anotaciones. Fue así como le supuso al ecuador 30.000 Kilómetros en lugar de 40.000.

 

     Para este autor, son tres los errores que sostenían su plan de navegación:

                    La Tierra, más pequeña de lo que realmente era; el espacio marino entre Africa y Asia nacía el Oeste más corto de lo que era, y disminución de la medida de un grado.

     Estaban como segunda causa, luego, sus lecturas, de las que, antes de 1492 en Portugal o en Castilla, o después de 1492, extrajo apoyos para su idea. En los textos de Aristóteles, Averroes, Plínio, Séneca, Estrabón, Pierre D´Ailly, Marco Polo, Toscanelli, etc., le fue fácil hallar descripciones de aquel mundo soñado, idea sobre la esfericidad, medidas del globo terráqueo y dimensiones del mar oceánico pendiente de navegar. Alguna de estas obras, con anotaciones suyas y de su hermano Bartolomé, se conservan todavía en la Biblioteca Capitular y Colombina de Sevilla, gracias al celo de su hijo don Hernando, creador de tal Biblioteca. En ella están la Historia natural de C. Plínio, el Almanach perpetuum de Abraham Zacutn, la Concordantíae Bihfae Cardinalis S. P, la Filosofía Natural de Alberto Magno, las Tragedias de Séneca, la Historia rerum ubique gestarum de Eneas Silvio Piccolomini, la Imago Mundi de Píerre D'Ailly, el libro de Marco Polo, y el bautizado Libro de Las Profecías, antología de papeles varios referidos a descubrimientos y predestinaciones que Colón creyó tenía su último capítulo con su gesta.

     Finalmente, y como causa determinante, se nos cita a los indicios, representados por testimonios flotantes llegados desde el Oeste y por las noticias confiadas a Colón por marineros como Pedro de Velasco, al que conoció en El Puerto de santa María. Esto es lo que podríamos denominar la ciencia del proyecto.

     En resumen, la ciencia del proyecto colombino está integrada por lo cosechado en Portugal, que perfecciona en España. ¿Cuándo leyó a los autores que su hijo cita? Unos sospechan que en España, y no falta quien opine que los manejó después del primer viaje, buscando el respaldo científico para un plan que era más intuición que praxis, y de una enorme simplicidad: el mundo es redondo y al llamado Oriente es posible ir no sólo por Este, sino por el Oeste. Esto no es una novedad. La novedad se la proporciona Toscanelli y se la confirma Pierre D'Ailly en la Imago Mundi: «Entre la India y España existe un solo mar... y este mar es pequeño y estrecho, y puede ser navegado en pocos días contando con vientos favorables».

 

     Independientemente de los posibles errores de apreciación de Colón, es evidente que el descubrimiento de América se debe a un proyecto innovador, que sabe trasladar al poder político. Pero este proyecto nace de unos conocimientos científicos y tecnológicos que lo hacen posible. Cristóbal Colon, además de un experto navegante, es fruto de su tiempo y de la innovación tecnológica que se inicia como resultado del Renacimiento. Podríamos proponer que sus descubrimientos se desarrollan gracias a la lectura. La tecnología de la imprenta, le permite disponer en propiedad de ejemplares de libros, y consultarlos habitualmente, para llegar a concebir una Tierra esférica y diseñar su proyecto.

     Hasta el descubrimiento de la imprenta, el lector tenía que limitarse a la utilización de libros, escritos a mano, leídos durante siglos y en mal estado, que se encontraban únicamente en las bibliotecas de los conventos. El Almirante pertenece a las primeras generaciones en las que, gracias a la imprenta, la lectura puede hacerse sosegadamente en su propia casa, con un volumen nuevo y con anotaciones y comentarios, como él realiza.

     Esto le permitió leer y releer el "Almagesto" de Ptolomeo, y a tantos otros autores clásicos que refiere en sus escritos, comparando ideas y opiniones de forma ordenada y sosegada. Pero la comparación de los distintos autores le llevó al convencimiento de que podía resolver el problema del precio de las especies, navegando a las Indias por occidente.

     Su  gestión del conocimiento, hasta llegar a conclusiones trascendentes, es digna de análisis y pionera en la generación de conclusiones que modificaran el mundo. No obstante, realiza su hazaña también gracias a sus propios conocimientos científicos y tecnológicos, y sus formadas convicciones. También al disponer de recursos tecnológicos suficientes, especialmente en navegación, que le permitirán concluir su travesía con el descubrimiento de un nuevo continente. No podemos olvidar que Colon descubrió América, en una época en la que la tecnología disponible impedía a los indios de América descubrir Europa.

 

Nota Bibliográfica:

La Sección de Historia de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes presenta un importante catálogo digital de autores y obras relacionadas con Cristóbal Colón. Esta página electrónica incluye una pormenorizada relación bibliográfica sobre el Almirante y el «Descubrimiento de América», con una amplia colección de textos, documentos y estudios, que se pueden consultar en: http://bib.cervantesvirtual.com/portal/colon/, acceder a:  Cristóbal Colón > Catálogo: Fuentes y documentos.



[1]Notario del reino