El coche eléctrico se está convertido en un vector importante en la reducción de la contaminación urbana. Debido a que su contaminación es solo debida a las partículas metálicas de las pastillas de freno y las del desgaste de los neumáticos, es un vehículo muy adecuado para las ciudades y las áreas metropolitanas. Sin embargo, su tecnología aún no ha alcanzado la madurez suficiente como para convertirse en el sustituto real del vehículo convencional de motor de explosión, según se deriva de este análisis ejecutado por la Comisión de Transportes y Logística del Colegio Oficial y la Asociación de Ingenieros Industriales de Madrid.
En este estudio se ha teniendo en cuenta la comparativa de los gases de efecto invernadero emitidos, por km de vida útil, de dos vehículos equivalentes de uso particular, pero de tecnologías distintas.
Uno de tracción diésel que cumple la regulación europea sobre los límites aceptables de emisiones para este tipo de vehículos, norma Euro 6 actualizada, y otro eléctrico impulsado por baterías de litio con autonomía nominal de 300 km.
No se considera coche eléctrico cuya energía proviene del hidrógeno. Aunque las dos tecnologías para el
vehículo eléctrico son actualmente inmaduras y competidoras, la del hidrógeno no ha alcanzado aún el
nivel comercial conseguido por los de baterías.