Miércoles, 10 de junio de 2026

España se encuentra ante una paradoja energética de creciente relevancia: la capacidad de generación renovable avanza a buen ritmo, pero la producción no siempre coincide con la demanda. La intermitencia inherente a las fuentes solar y eólica exige soluciones que permitan almacenar los excedentes y movilizarlos cuando el sistema los necesita. En otras palabras, la integración de baterías de gran escala se ha convertido en un elemento central de la estrategia energética española.
José M.ª García Bernardo, vocal de las comisiones de Energía y Medio Ambiente del COIIM, analiza en un reciente artículo el estado actual de estos sistemas en España y los retos que aún quedan por resolver.
Un objetivo ambicioso, un punto de partida modesto
El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) establece una meta de 22,5 GW de almacenamiento para 2030. La capacidad actualmente en operación se limita a 0,3 GW en baterías, aunque los proyectos con permisos de acceso ya superarían ese objetivo. Con plazos de construcción inferiores a dos años, el principal obstáculo no es de naturaleza técnica, sino regulatoria y financiera.
El coste ya no es el freno
El coste de las baterías ha dejado de ser la principal barrera para su despliegue. Según el último informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA, por sus siglas en inglés), el coste nivelado de los sistemas de almacenamiento de larga duración se sitúa ya por debajo del de las centrales de gas, con proyecciones de reducción adicional del 30 % de aquí a 2030. El reto prioritario es ahora el desarrollo de un marco regulatorio estable que ofrezca seguridad jurídica a los inversores y establezca mecanismos claros de retribución.
Evolución del coste de baterías (cell + pack) en EUR/kWh de 2013 a 2024

Más allá de las grandes infraestructuras
El almacenamiento energético no se circunscribe a los grandes proyectos industriales. El autoconsumo en hogares y empresas, la integración de la batería de los vehículos eléctricos o los sistemas que permiten devolver energía a la red cuando los vehículos no están en uso configuran un ecosistema distribuido cuya gestión eficiente constituirá uno de los grandes retos de la ingeniería en los próximos años.
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