Lunes, 29 de junio de 2026
Las olas de calor prolongadas, las DANAs o episodios como la borrasca Filomena y el apagón de abril de 2025 han puesto a prueba la resiliencia de las infraestructuras sanitarias. En un reportaje elaborado por Redacción Médica, Ignacio Narváez, director de Ingeniería e Inversiones Corporativo de Grupo Viamed Salud y miembro de la Comisión de Ingeniería Hospitalaria del COIIM, analiza cómo deben diseñarse, adaptarse y operar los hospitales ante un reto sin parangón en el resto de las infraestructuras: sostener la plena operatividad de sus instalaciones críticas y, al mismo tiempo, asumir el incremento de demanda asistencial provocado por el propio fenómeno climático. Un doble desafío (resistir y atender de forma simultánea) que redefine el punto de diseño de los hospitales que hoy se proyectan y que deberán seguir funcionando en 2055.
Pregunta: Las olas de calor prolongadas e intensas ponen al límite los sistemas de climatización, ventilación y los sistemas eléctricos de soporte en entornos de alta exigencia como bloques quirúrgicos o UCIs. ¿Están las infraestructuras de los hospitales españoles preparadas técnicamente para estos picos de demanda continuada o existen deficiencias estructurales generalizadas?
Respuesta: Los estándares de diseño hospitalario cuentan con décadas de experiencia acumulada y un nivel de exigencia técnica muy superior al de otros sectores. Esa base ha sido puesta a prueba de forma extraordinaria: la pandemia COVID, la borrasca Filomena, el apagón de abril de 2025 o las recientes DANAs. El sector respondió. No hubo colapso generalizado ni parcial de infraestructuras, no hay hoy un debate público sobre fallo sistémico, y eso no es casualidad: son unos estándares sólidos, equipos con capacidad de respuesta y protocolos que, con mayor o menor tensión, funcionaron. Los problemas localizados que pudieron existir tuvieron mínima repercusión o fueron resueltos con las herramientas disponibles. El sector hospitalario español tanto público como privado, no parte de cero. Parte de una base sólida que ha superado pruebas reales. Eso es un activo que hay que reconocer antes de hablar de déficits.
El problema no es que el sector haya fallado: es que las hipótesis sobre las que se construyeron esos estándares han cambiado. La pregunta ya no es «¿resistimos lo que hemos visto hasta ahora?», sino «¿resistiremos lo que viene?». Y ahí sí existe una brecha estructural que abordar, especialmente en el parque hospitalario más antiguo.
EL DOBLE DESAFÍO DEL HOSPITAL COMO INFRAESTRUCTURA:
El hospital no es una infraestructura más. Ante un fenómeno climático extremo, enfrenta simultáneamente dos exigencias que no se dan en ningún otro tipo de activo:
– 1º GESTIONAR LA CRISIS: Mantener la plena operatividad de sus instalaciones críticas bajo condiciones ambientales extremas, sin degradación de la calidad asistencial ni interrupción de ningún servicio vital.
– 2º ATENCION PACIENTES AFECTADOS POR LA CRISIS: Asumir un incremento notable y repentino de la demanda asistencial, actuando como refugio sanitario de la población afectada por ese mismo evento climático: golpes de calor, deshidrataciones, patologías respiratorias agravadas, traumatismos por inundación o tormenta.
Ambas exigencias ocurren al mismo tiempo, sobre las mismas instalaciones y con los mismos recursos humanos. Diseñar para una sin contemplar la otra es diseñar para el fracaso. Este doble desafío es lo que hace que la ingeniería hospitalaria tenga un nivel de exigencia sin parangón en el sector de las infraestructuras.
En el este mundo tan globalizado, parece que incluso hasta en los fenómenos atmosféricos nos estamos acercando, es por ello que, basado fundamentalmente en mi experiencia en el diseño de hospitales en otras zonas geográficas del mundo, me asalta la reflexión al respecto de si para afrontar este nuevo punto de diseño, el sector hospitalario español debería mirar a aquellas zonas climáticas más extremas no son una tendencia emergente sino una realidad consolidada desde hace décadas. Los manuales de Hospital Seguro de la Organización Mundial de la Salud —desarrollados para zonas sísmicas, tropicales y de alta exposición a huracanes en América Latina, el Caribe, el Sudeste Asiático y el Pacífico— podrían tener que pasar a ser referencia obligada para nuestra ingeniería hospitalaria. Esos marcos recogen décadas de experiencia en cómo diseñar, operar y mantener hospitales que deben funcionar precisamente cuando el entorno exterior es más hostil y la demanda asistencial más alta: exactamente el doble desafío que ahora empieza a ser relevante para nosotros.
Mantener áreas estériles y con cadenas de frío biológicas bajo condiciones ambientales exteriores extremas exige una precisión mikimétrica. ¿Qué adaptaciones técnicas prioritarias se están introduciendo en las salas de máquinas y centrales térmicas hospitalarias para evitar colapsos operativos?
Las adaptaciones prioritarias se articulan en tres ejes: anticipación, redundancia / sistemas de respaldo, monitorización continua en tiempo real mediante IoT por ejemplo, para detectar la desviación antes de que se produzca el fallo y acuerdos de mantenimiento garantizado bajo un modelo predictivo.
La cadena de frío —farmacia, banco de sangre, criobiología, laboratorio— y las zonas críticas como quirófanos, UCI, con control ambiental estricto no admiten tolerancia operativa: un fallo de climatización en estas áreas tiene consecuencias asistenciales inmediatas. Este es uno de los frentes donde la ingeniería hospitalaria está actuando con mayor diligencia.
Anticipación y mantenimiento predictivo: nuevos datos de diseño y activación preventiva
– Posible revisión y actualización de los datos climáticos de proyecto: sustituir los valores históricos de temperatura seca y temperatura húmedo-bulbo de diseño por percentiles actualizados, incorporando proyecciones.
– Protocolos de activación preventiva: arrancar los equipos de refuerzo cuando la previsión meteorológica anticipa una ola de calor, no cuando el sistema ya está bajo presión.
– Anticipación de las inversiones de estas características antes de iniciar los periodos críticos de tal forma que estén instalados y probados en el momento que se van a requerir. Si bien antes se proyectaba para tener las inversiones de ampliación / renovación de los sistemas de climatización en el mes de junio. En la actualidad es muy conveniente al menos 1 o 1,5 meses antes.
Redundancia operativa: modularidad y contratos de respaldo
– Ampliación de la capacidad frigorífica: enfriadoras modulares de respaldo que puedan activarse automáticamente ante picos sostenidos, eliminando la dependencia de una única máquina en período crítico. Depósitos de inercia de diferentes materiales con alta capacidad frigorífica o de cambio de fase.
– Cadena de frío biológica con redundancia de compresores y alarmas telemáticas conectadas directamente al servicio de guardia, eliminando la dependencia de revisiones manuales.
– Revisión de los acuerdos de mantenimiento para garantizar disponibilidad de técnicos y repuestos en los meses de mayor riesgo, con contratos de respuesta garantizada.
Monitorización: IoT y detección temprana
– Implantación de sistemas de monitorización continua en tiempo real sobre parámetros críticos: temperatura de retorno de agua fría, presión diferencial en quirófanos, temperatura de sala de máquinas, estado de los grupos de frío.
– Mejora del aislamiento térmico de salas técnicas y centros de transformación, que en verano pueden superar los 40°C sin ventilación adecuada, comprometiendo la electrónica de control.
– La clave conceptual es la misma que subyace al modelo de los grandes inversores institucionales como Macquarie: detectar la desviación antes de que se produzca el fallo, con datos en tiempo real y capacidad de respuesta anticipada.
Desde el punto de vista de la ingeniería industrial, ¿cómo debe rediseñarse la arquitectura de instalaciones y fluidos de un hospital de gran tamaño para que sea capaz de absorber operativamente las contingencias climáticas de las próximas décadas?
El rediseño debe partir de una premisa nueva: el hospital no solo debe resistir el evento climático, sino operar en su máxima capacidad asistencial precisamente durante ese evento. Eso exige modularidad en los sistemas de producción energética, sectorización hidráulica de zonas críticas, inercia térmica, capacidad de expansión asistencial planificada, producción energética local y una capa de gestión digital inteligente que lo integre todo.
Un hospital que se proyecte o reforme hoy estará operativo en 2055, en condiciones climáticas que los modelos sitúan significativamente por encima de las actuales. La arquitectura de instalaciones debe incorporar esa incertidumbre como premisa de diseño, no como escenario excepcional. Y debe hacerlo teniendo siempre presente el doble desafío: resistir y absorber simultáneamente.
Los sistemas de producción de frío, calor basados en la energía eléctrica deben ser modulares, con unidades que puedan operar en paralelo, sustituirse individualmente y ampliarse sin parar el sistema. Un hospital con cinco enfriadoras de 500 kW es mucho más resiliente que uno con una de 2.500 kW.
Los depósitos de inercia con incluso sistemas de cambio de fase, permiten absorber picos de demanda sin requerir un aumento inmediato de potencia instalada, y facilitan desplazar la producción de frío a las horas nocturnas, cuando el rendimiento de las máquinas es mayor y la red eléctrica está menos saturada.
El doble desafío exige que la instalación tenga margen no solo para resistir, sino para crecer en capacidad asistencial cuando más se la necesita. Diseñar zonas o circuitos de climatización que puedan activarse rápidamente para habilitar áreas de atención de emergencia ante afluencia masiva debe ser un requisito de proyecto, no una adaptación improvisada.
La integración de fotovoltaica o el futuro de H2/O2 verde en los hospitales, reduce la dependencia de la red en los momentos de máxima demanda simultánea o crisis climatológicas con afección territorial. Esto es, debemos ir a hospitales lo más autónomos posibles con tiempo de funcionamiento “aislados” mayores
Un BMS conjugado con sistemas de IoT y con capacidad predictiva, conectado a datos meteorológicos en tiempo real y con modelos de comportamiento del edificio, es la herramienta que convierte todos los elementos anteriores en un sistema operativo inteligente. Sin esta capa de gestión, la redundancia física sola no garantiza la respuesta adecuada.
El estándar de éxito del hospital ante un evento climático extremo no es «seguimos operativos»: es «seguimos operativos y hemos podido atender a todos los que nos necesitaban». Ese es el estándar que debe guiar el rediseño de las instalaciones.
Este enfoque es convergente con lo que los grandes inversores institucionales como Macquarie ya exigen a sus activos de infraestructura: análisis de escenarios bajo demanda, monitorización continua activo por activo y capacidad de respuesta anticipada. En el entorno hospitalario, el BMS inteligente es el equivalente funcional de esa plataforma, con la dimensión adicional de la responsabilidad asistencial.
En Viamed estamos trabajando en esta dirección. La ingeniería hospitalaria del futuro es, en buena medida, ingeniería de datos aplicada a la operación de infraestructuras críticas con una responsabilidad asistencial que ningún otro sector comparte.