Lunes, 26 de octubre de 2026
La experiencia acumulada desde la inauguración del AVE Madrid-Sevilla, la complejidad creciente de los sistemas ferroviarios y la necesidad de preservar la calidad del servicio centraron una jornada que reunió a destacados expertos del sector.
La alta velocidad española ha recorrido un largo camino desde aquel primer AVE Madrid-Sevilla de 1992. Más de tres décadas después, los avances tecnológicos, el crecimiento de la red y la incorporación de nuevos operadores han transformado profundamente el panorama ferroviario. Pero también han abierto nuevos interrogantes sobre su seguridad, su organización y la calidad del servicio.
Sobre estas cuestiones giró la jornada Seguridad del transporte ferroviario de Alta Velocidad, celebrada el 20 de octubre en el Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid (COIIM), organizada por su Comisión de Transportes y Logística.
El encuentro fue inaugurado por José Ramón Perán, presidente de la Comisión de Transportes y Logística del COIIM/AIIM, quien destacó la importancia de compartir experiencias y seguir aprendiendo en un ámbito de tanta complejidad técnica.
A continuación, Francisco Cal Pardo, presidente de Honor de AIIM e impulsor de la jornada, tomó la palabra para presentar a los participantes y conducir una sesión en la que el conocimiento técnico y la experiencia profesional marcaron el debate. Cal, que posteriormente moderó la mesa redonda, planteó una pregunta que acompañaría buena parte de las intervenciones: ¿cómo garantizar la seguridad ferroviaria?
Antes del debate, Francisco Aparicio Izquierdo, excatedrático de Ingeniería de Vehículos y Transportes y, actualmente, Profesor Emerito de la Universidad Politécnica de Madrid, abordó en su conferencia la interacción rueda-carril, el guiado, la estabilidad y la seguridad dinámica. Recordó que el ferrocarril es uno de los medios de transporte más seguros, aunque advirtió de que el aumento de la velocidad incrementa los esfuerzos dinámicos y el deterioro de los componentes. De ahí la importancia de asegurar la detección temprana de daños y alteraciones de la geometría de la vía con el objeto de conservar la integridad mecánica y dicha geometría de la vía, factores esenciales para preservar la seguridad

La experiencia como punto de partida
La mesa redonda reunió a cuatro voces con una amplia trayectoria en el sector: José Luis Villa de la Torre, Ignacio Barrón Angoiti, Alberto García Álvarez y Jaime Borrell Botella. Sus intervenciones permitieron recorrer el pasado y el presente de la alta velocidad española y abordar los desafíos que marcarán su futuro.
José Luis Villa de la Torre, exdirector general de Renfe y vinculado directamente a la puesta en marcha del AVE Madrid-Sevilla, recordó los años en los que la alta velocidad española era todavía un proyecto por construir. No faltaron dificultades técnicas, organizativas ni incertidumbres, pero la preparación y el compromiso de los profesionales hicieron posible alcanzar el objetivo previsto en 1992.
Para Villa, aquella experiencia dejó una enseñanza que sigue vigente: los conocimientos adquiridos deben servir para afrontar los nuevos desafíos. Desde esa perspectiva, cuestionó las consecuencias de la separación entre la gestión de las infraestructuras y la explotación ferroviaria, un modelo que, a su juicio, puede dificultar la coordinación y diluir responsabilidades. Defendió también la necesidad de establecer mecanismos eficaces para exigir el cumplimiento de los estándares de calidad exigibles con penalizaciones económicas tasadas en caso de incumplimiento.
Ignacio Barrón Angoiti, expresidente de la Comisión de Accidentes Ferroviarios, llevó la reflexión al terreno de la prevención. Recordó que el riesgo cero no existe y que investigar un accidente debe servir, fundamentalmente, para aprender de lo ocurrido y evitar que vuelva a repetirse, sin perjuicio de las responsabilidades que corresponda determinar a la justicia.
En un sistema cada vez más automatizado, insistió en la importancia de reforzar la inspección, las simulaciones y el mantenimiento. También llamó la atención sobre los problemas de saturación que afectan a determinados puntos de la red y a las estaciones, espacios donde el viajero percibe de manera más inmediata la calidad del servicio.
El desafío de crecer sin perder calidad
La evolución del ferrocarril fue uno de los asuntos que suscitó reflexiones más críticas.
Alberto García Álvarez, presidente de Ingeniería de Ferrocarriles, consideró que el sector atraviesa una crisis que debe reconocerse para poder superarla. Comparó esta situación con un proceso médico: identificar el problema, establecer un diagnóstico, aplicar el tratamiento adecuado y, una vez superada la crisis, asegurar su mantenimiento.
Pero su reflexión fue más allá. García Álvarez cuestionó que la democratización del ferrocarril, con un número creciente de viajeros, deba llevar aparejada una pérdida de calidad. Reivindicó la exigencia que caracterizó los primeros años de la alta velocidad y recordó que quienes participaron en aquella etapa son hoy «testigos incómodos», precisamente porque conocen los niveles de servicio que llegaron a alcanzarse.
Su planteamiento fue claro: aumentar la capacidad de transporte no debería significar renunciar a la regularidad, la puntualidad ni a los estándares de calidad que hicieron de la alta velocidad española una referencia.
Jaime Borrell Botella, director de Desarrollo de Negocio de Alstom España, introdujo una perspectiva diferente. Sin ignorar los desafíos existentes, defendió el nivel alcanzado por la tecnología ferroviaria española y la capacidad de sus profesionales, situando la realidad nacional en el contexto europeo.