«La clave está en la ZAT, que se sitúa a ambos lados de la soldadura y, por lo tanto, afecta a distintos grados de acero. El R350HT tiene más carbono equivalente, que le da más dureza, y a la hora de soldar hay que tener en cuenta esa diferencia y hacer un precalentamiento adecuado porque, de lo contrario, se puede formar una martensita o una fragilidad que hace que se pueda romper al cabo de X ciclos de paso de trenes», explica Diego Marqueta, perito y vocal del Colegio de Ingenieros Industriales de Madrid.