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Las primeras ingenieras industriales

Jueves, 23 de junio de 2022

El 23 de junio se celebra el Día Internacional de la Mujer en la Ingeniería. Desde el Colegio y la Asociación queremos reconocer a las dos primeras ingenieras industriales de nuestro país -Pilar Careaga y Basabe y Laura Tremosa Bonavía- por abrir el camino a las ingenieras industriales en nuestro país.

El Día Internacional de la Mujer en la Ingeniería es una campaña internacional de concienciación para elevar el perfil de la mujer en la ingeniería y centrar la atención en las oportunidades profesionales disponibles para las jóvenes. De esta forma, desde 2014, este día celebra los logros sobresalientes de las mujeres ingenieras de todo el mundo.

Pero, ¿cómo empezó esto?

En España hasta 1910 las mujeres no pudieron acceder a las aulas universitarias. En 1930 había un 6% de chicas universitarias mientras que un 47,5% no sabían leer ni escribir.

Desde 1929, año en que por primera vez una mujer obtiene en España el título de ingeniero, hasta 1950, 20 años después, solo 4 mujeres obtuvieron esta titulación en España y sólo 2 de ellas habían estudiado en una Escuela Técnica Superior.

Merece una mención adicional Araceli Sánchez Urquijo, que se graduó como ingeniera civil de obras hidráulicas en el Instituto Energético de Moscú en 1949, junto con otras 4 mujeres. Comenzó a ejercer como ingeniera en Uzbekistán construyendo centrales hidráulicas y líneas eléctricas. Hubo un acuerdo para reconocer los títulos soviéticos de los Niños de Rusia exiliados durante la Guerra civil española. A finales de 1956, Araceli Sánchez Urquijo regresó a España desarrollando su carrera profesional en la empresa Isodel en Madrid.

Pilar Careaga y Basabe, primera ingeniera española, se graduó en Madrid, en 1929 en una promoción de 30 alumnos. En su curso, además de Pilar se matriculó otra mujer, María Teresa Usabiaga. María Teresa no consiguió terminar sus estudios, pero Pilar sí. Pertenecía a una aristocrática y opulenta familia bilbaína. Dotada, según sus profesores, de una gran inteligencia y una alta dosis de determinación, tenía muy clara su vocación.

Apenas cumplidos los 21 años y como parte de sus prácticas de último curso, realizó prácticas como maquinista en la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España. Algo insólito. Todas las revistas gráficas de ese período realizaron reportajes.

“No soy un caso raro”,

Se justificaba Pilar en una entrevista.

Pero sí que lo fue, pasarían 10 años (1939) hasta que Isabel Torán, segunda en obtener un título de ingeniería, se graduara con otros 18 alumnos en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de Madrid. No encontramos otra mujer ingeniera industrial hasta la década de los 60, treinta y cinco años después.

La revista ‘Estampa’ acompañaba a la joven ingeniera en uno de sus viajes en ferrocarril. El reportaje refleja la situación de la época y en todo momento intenta que el lector no olvide la feminidad y aparente fragilidad de esta “menuda y resuelta mujercita”.

Recogemos algunos fragmentos:

“El jefe de maquinistas, un simpático veterano curtido en el oficio, que la tutela y dirige paternalmente en su aprendizaje, y que siente por esta menuda y resuelta mujercita una ingenua admiración, protesta con vehemencia: —¿Miedo?… ¿Dice usted que si tiene miedo?… ¡No lo conoce!… Pilar sonríe. ¡Qué graciosa y qué noble es!”.

Allá, a la cabeza del convoy, en medio de la humareda y del fuego, se divisa a Pilar Careaga erguida, manipulando palancas… En las paradas, Pilar, la examina escrupulosamente, la cuida, la mima. ¡Estas ‘cuatro mil seiscientos’ -me asegura con los ojos brillantes de entusiasmo- qué simpáticas son! -Son admirables… ¡Tan sufridas!… ¡Tan valientes!… ¡Tan trabajadoras!… Usted no tiene idea de lo que son. Son una preciosidad…”

El viaje no es nada cómodo, el frío en invierno era intenso, el maquinista debía viajar constantemente asomado al exterior, para poder ver la vía y las señales en las curvas, mojándose la cabeza cuando llovía y, desde luego, expuesto al humo, el vapor y las carbonillas que expulsaba la locomotora.

No es de extrañar, por tanto, que la joven ingeniera, al fin y al cabo, mujer, acabe por reconocerle al periodista que no le gusta acabar la jornada tiznada de negro.

A la pregunta del reportero sobre “¿cómo será el mundo dentro de algún tiempo, cuando todas las mujeres sean aviadores, policías, ingenieros, médicos …Cuando el amor se acabe del todo?”, Pilar responde: “Creo que, al principio, hasta que concluyan sus estudios y se coloquen en sus profesiones, o pongan en marcha sus empresas, claro que las mujeres no podrán pensar en casarse; porque, al empezar, es cuando hay que trabajar de firme. Pero luego… creo que sí, aunque tendrán que descuidar un poco sus tareas profesionales.

Todo esto sucedía hace 94 años…..

Pilar Careaga nunca trabajó como ingeniera industrial. Al terminar la carrera dedicó su vida a la política. Se casó con el ingeniero Enrique Lequerica Erquicia, hermano del entonces alcalde de Bilbao. No tuvo hijos.

En 1969 se convirtió en la primera mujer alcaldesa de Bilbao. Estuvo en el cargo 6 años. Tuvo que dimitir. Era la primera vez que se solicitaba una dimisión en el Consistorio bilbaíno durante la etapa franquista. Abandonó la política activa, aunque respaldó a organizaciones de extrema derecha y participó en la fundación de Fuerza Nueva.

En 1979 resultó herida en un atentado. También fue la primera mujer a la que ETA intentó asesinar. Murió el 10 de junio de 1993 a los 84 años.

Laura Tremosa Bonavía, la segunda ingeniera industrial

Tenemos que esperar 35 años para que otra mujer, Laura Tremosa Bonavía, obtuviera su título de doctor ingeniero industrial en la Universidad Politécnica de Cataluña, Barcelona 1964. Fue la segunda mujer que obtuvo su título en España.

Su padre era ingeniero. En principio le dijo:

«Estudia lo que quieras, menos ingeniería».

Para ella fue un reto. Pese a casarse con un compañero justo al acabar la universidad, y tener cuatro hijos prácticamente seguidos, se puso a buscar trabajo desde el primer día. No le resultó fácil.

A regañadientes, aceptó entrar en la oficina técnica de su padre. Más tarde saltó a otra. En los años 80 dirigió la Revista de Robótica y posteriormente la revista Automática e Instrumentación.

“La conciliación ha sido complicada. Quería a mis hijos, claro que los quería, pero les dedicaba una atención normal. Mi única dedicación no era la maternidad, lo digo sin ninguna mala conciencia”.

Siguió estudiando. Primero psicología, después psiquiatría social.

Durante el franquismo, fue activista y miembro destacado de la organización de profesionales del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC). Feminista convencida, en 1976 fue una de las organizadoras de las primeras Jornadas Catalanas de la Mujer.

Dotada de un gran sentido del humor, declaró:

“Yo lo tenía todo por ganar, porque, como mujer, nadie esperaba nada de mí”

Laura tremosa

Radicalmente opuestas en sus ideas políticas, estas 2 mujeres tienen muchos puntos en común: Inteligentes, trabajadoras, comprometidas….

¡Qué gran ejemplo! ¡Qué grandes!

Gracias por abrirnos el camino